La Conferencia de los Pájaros


 Una noche, varias polillas ardientes de deseo
se reunieron para comprobar si todas compartían
la misma obsesión. 
 ¿Cómo podremos saberlo?, se preguntaron,
 y convencidas de que la verdad poseían,
a una de sus congéneres enviaron en busca de información que pudiese saciar su curiosidad.

De un extremo a otro recorrió esta polilla los velos de la noche, hasta que logró divisar  la llama de una vela en la torre de un castillo.
 Al regresar junto a sus compañeras relató ante ellas su asombro, pero una de las polillas, que era sabia, dijo que la mensajera nada había comprendido sobre el candil, y envió a otra a investigar.
Con la punta de sus alas logró la segunda polilla tocar la llama, pero a las demás confesó que el calor la había ahuyentado y la verdad aún ignoraba.
Una tercera emprendió entonces el vuelo, tan intoxicada de amor que se arrojó al fuego y allí pereció, consumida. La sabia, al ver que la llama envolvía como un guante
el fulgurante cuerpo de su compañera, dijo a las demás: “Esa polilla sabe ahora lo que jamás podrá decir ni idioma alguno conseguirá revelar”.


“La historia de las polillas” es una perla de un collar de perlas. Es uno de los aleteos deliciosos de La Conferencia de los Pájaros, es una pieza esencial de este inmenso poema sufí compuesto por Farid Ud-Din Attar* y que influyó profundamente en el misticismo islámico desde su aparición en el siglo XII.

Por su título, ustedes que son sagaces, intuirán que el hilo que cose los versos borda alas y plumajes. Mediante alegorías, La Conferencia describe la senda que emprenden los pájaros del mundo para encontrar a su rey, un camino en el que terminan descubriendo que lo que buscan no es otra cosa que a sí mismos,  y que encontrarse con los dioses requiere ahondar en el interior, en eso que dicen el alma.

Como en la vida, en esa travesía aparecen pájaros que dudan, pájaros nocturnos, cantores, vanidosos, lujuriosos e indecisos; pájaros amantes del placer, heridos de amor y con miedo a la muerte; pájaros complacientes, fieles y sinceros; aves hipócritas, silenciosas y peregrinas. Todos los pájaros en representación de todos los hombres.

Y de fondo, aparecen salpicados los paisajes y los cuentos, los pensamientos y la fe, junto a anécdotas variopintas y a este relato de polillas de luz.
Si no tienen tiempo, invéntenlo, aleteen su pereza y sus obligaciones y arañen a la tarde unos minutos para sobrevolar con la mirada los versos y las ilustraciones de este libro. 



 

*Farid Ud-Din Attar nació en el siglo XII en Nisapur, una ciudad del noroeste de Irán. Una leyenda cuenta que un derviche se presentó un día ante la puerta  de su tienda para advertirle de que el estilo de vida que llevaba no le preparaba convenientemente para la muerte.
Attar, indignado, rápidamente le aseguró  que intentaba finalizar su vida como un pobre derviche, y en ese instante el sufí errante cayó muerto ante su umbral. Quedó tan impresionado que cerró su comercio y dedicó parte de su vida al pensamiento. 

** Gracias Jan, autor del excelente blog Fragmentalia, por descubrirme "La Conferencia de los Pájaros".